Arista HORNLI al MATTERHORN 1200m AD+ III+
El Matterhorn es la montaña más emblemática de los Alpes, la cima por excelencia, y el pico más impresionante, si se puede decir, de todo el mundo. Un objetivo muy codiciado por la comunidad alpinista, cuya historia esá marcada por la tragedia de su primera conquista en 1865 y su peligrosidad con más de 500 muertos a lo largo del tiempo. Desde que me interesé por este bonito mundo de la montaña, escalar el Matterhorn, pasó a ser para mi, una obsesión y un objetivo a corto plazo. Después de haber realizado actividades invernales en los Pirineos, alguna escalada fácil en free solo y el Mont Blanc un mes antes, me vi preparado para afrontar este reto. Sin pensarlo ni un segundo y aprovechando una ventana de buen tiempo, cogí el coche de mi pareja y me embarque en una aventura en solitario, que probablemente, sea mi mayor reto personal hasta la fecha. Así pues, el día 22 de Agosto de 2022, salí de Barcelona rumbo a Täsch.
Llegada a Täsch
Despúes de 13 horas de coche, llego al pueblo de Täsch a las 19:30h de la tarde. Empiezo a pensar que opciones tengo para llegar a Zermatt, ya que tienen prohibida la circulación de vehículos y va a ser mi punto de partida al día siguiente. Voy a la estación de tren a consultar el precio de los billetes y luego voy a buscar camping para pasar la noche. El primer camping junto a la estación está lleno... llego demasiado tarde. Me toca irme a uno más lejano. En este, me comentan que desde el camping sale un bus lanzadera a Zermatt por la mañana. Genial! Justo lo que necesitaba. Monto la tienda de campaña y despúes de leer un rato me voy a dormir. Como siempre, me invaden los nervios de la expedición y me pregunto que hago solo en plenos Alpes suizos. Está claro que me pueden las ganas y la ilusión por conquistar mis sueños.
Aproximación al Refugio Hornli
Me levanto con calma el día 23 de Agosot de 2022, preparo la mochila que pesa como siempre una barbaridad, y me voy en busca del bus que me lleva a Zermatt. Llego al pueblo a las 10:30h y lo primero que hago es entrar a un super para comprarme un Toblerone. Como ya sabréis, el Matterhorn es la montaña que aparece en el envoltorio de la chocolatina. Me servirá para coger fuerzas, como amuleto de la suerte y sobretodo, para la foto jejeje.
Como mi intención es maximizar las opciones de hacer cumbre, cojo el teleférico que me llevará de Zermatt, hasta la estación de Schwarzee Paradise. De esta manera me ahorro unos cuantos quilómetros y 900m de desnivel. Eso sí, por el módico precio de 65 francos suizos... Al menos el pase me vale también para bajar.
Llego a Schwarzee Paradise a las 11:45h y hablo por última vez con mis amigos. Mientrás camino por el sendero, todavía asombrado por la belleza de la montañana, me acuerdo de la foto artísitca del Toblerone.
El trekking de aproximación al refugio de Hörnlihütte es entretenido. Me sorprendo al ver a tantos japoneses caminando por los alrededores del Matterhorn y voy saludandome con toda la gente que me cruzo. Llego a las pasarelas metálicas y el terreno se vuelve completamente rocoso. Es magnífico las tonalidades rojizas y grises que presentan las piedras. Finalmente llego a 3260m de altitud que es mi objetivo de hoy, donde se encuentra el refugio. Me siento en uno de los bancos de su terraza a comerme mi habitual hamburguesa, mientras contemplo una pequeña nube que parece que hayan atado a la cima del Matterhorn.
Cuando se despeja la terraza de gente, entro al refugio a hacer el check-in. En la cola me pongo a hablar con un chico croata que también va a atacar la cumbre mañana junto con su compi esloveno. Le comento que voy solo y me invintan a sentarme con ellos a comentar la jugada. Hablamos sobre que experiencia tenemos, sobre la meteo y de cual es la estrategia de ascenso. Nos ponemos de acuerdo en ir los tres juntos pero pactamos que si alguno se queda atrás no lo vamos a esperar. La escalada en si, requiere de un esfuerzo enorme y no estamos dispuestos a tener que estar pendiente de otros. El refuigo cuesta 165 francos por media pensión. Me parece caríssimo pero no hay muchas más alternativas. Está prohibido acampar o vivaquear en los alrededores del refugio. Preparando un poco el viaje, estuve dudando entre la opción de dormir en la cabaña Solvay, que es el refugio de emergéncia que hay a mitad de escalada, o hacer las cosas bien y dormir en Hornlihutte. Pecando de inexperiencia, obté por la más segura y resignarme a salir detrás de todos los guías al día siguiente.
Una vez establecido, decido ir a explorar el inicio de la ruta para reconocer un poco el terreno. Mañana tendré que hacer todo el primer tramo de noche, así que si hoy me oriento un poco, mucho mejor. En total hago una hora de subida y bajada, suficiente para ver las condiciones de roca descompuesta a lo largo de gran parte de la vía.
Le pido a una pareja que me hagan una foto junto al objetivo y me voy al refugio a hacer tiempo para la cena. Doy un par de vueltas y encuentro una pequeña biblioteca llena de libros de montaña, sobre todo del Matterhorn. Ojeo algunos empapándome de las fotos y ascensiones de otros alpinistas. De momento estoy tranquilo y rapidamente me entra hambre. Bajo a cenar y para beber nos ponen té en vez de agua. No estoy muy acostumbrado, pero bebo todo lo que puedo para hidratarme bien. Quedo con mis nuevos amigos a las 4h de la mañana para desayunar y me voy a mis aposentos.
Escalada del Matterhorn
Suena el despertador el día 24 de Agosto de 2022. No he dormido demasiado bien. Con la mochila ya medio hecha bajo al comedor donde ya hay gente. En un cartel enganchado en la puerta, pone que la hora de salida es a las 5h, especificando que: primero van los guías suizos con sus clientes, segundo van el resto de guías de otras nacionalidades y por último las cordadas independientes. Sin darnos cuenta, nos quedamos de los últimos en el pasillo. Por lo visto casi todo son guías, excepto unos pocos. Nos hacemos una foto y salimos.
No hace nada de viento y la temperatura es perfecta. Subimos los escalones hasta llegar a la característica pared inicial. Tenemos que esperar 15 minutos ya que este inicio es un embudo. De vez en cuando se escucha algun pedo, pero nadie se rie. Todo el mundo está nervioso o concentrado o las dos cosas. Aquí en la montaña nadie se guarda nada dentro jajaja, no te la puedes jugar a que te duela la barriga.
Vamos subiendo de uno en uno en fila india. Empiezo yo primero. Todo el mundo sube a buen ritmo y nadie quiere parar para no ser adelantado. En el Matterhorn, tener gente por arriba significa riesgo de que te tiren piedras.
A las 6h empieza a amancer. Se ven los frontales de los primeros guías que ya han cogido distancia. Sorbo de agua rápido y seguimos, no hay tiempo que perder. Esta parte ya me la conozco un poco de ayer, aunque a oscuras cambia todo.
Cerca de las 7h llegamos a un punto de dudas. Ya no se ven los guías y después de un par de amagos, cogemos el buen camino. Mis amigos ya me adelantan, al fin y al cabo, llevo un mes de vacaciones en Menorca sin hacer nada de deporte desde la expedición al Mont Blanc a finales de Julio. Empiezo a notar la pendiente continuada que no da tregua. Además, hay que ir concentrado. El Matterhorn es una escombrera y cualquier resbalón puede ser fatal.
Poco a poco le va dando la luz a la cara Este de la montaña y salimos de la sombra para entrar de lleno al sol. Las rocas adquieren un color naranja radiante que hacen que me quede un rato ensimismado ante tal espectáculo. Saco el móbil para capturar el momento y sigo.
Desde este punto, ya no volveré a hablar con mis compis hasta más adelante y paso a escalar solo. Sigo viendo a gente de vez en cuando por arriba, hasta que llego a la primera placa Moseley de III. Sin muchas complicaciones trepo por ella y llego a las 8h al Refugio Solvay, a unos 4000m de altitud.
En este trayecto hasta la cima del Matterhorn, tengo dudas en algún punto de cual es el camino correcto. No hay señalizaciones en practicamente toda la ascensión y un simple croquis no te sirve de mucho en medio de la pared. Por suerte, los americanos llevan una descripción un poco más detallada y entre los tres nos las arreglamos.
En algún tramo de la arista puedes asomarte a ver la empinada cara norte y realmente impresiona. Sin prisa pero sin pausa, voy ascendiendo por los bloques, hasta llegar a lo que llaman, el hombro del Matterhorn, a las 9:30h. Aquí empiezan las maromas, en los tramos más difíciles, que ayudan a superar los resaltes más verticales. Me cruzo con una pareja que ya baja y me dicen que no han hecho cima porque la chica no se ha visto con fuerzas de subir por las gruesas cuerdas. Puedo divisar ya a los guías que descienden con sus clientes a toda pastilla.
Empiezo a escalar por las maromas, pero hay que ir parando para esperar, ya que esta parte es como un embudo por el que solo puede pasar una persona. Sería muy peligroso que dos alpinistas usen la misma cuerda a la vez. Por mala surte, me cuentro con todos los guías en este punto crítico de la ascensión. Es importante la coordinación para no estorbarte y evitar un accidente, pero parece que a algunos guías les da igual. Me encuentro colgado em medio de la maroma más dura, cuando se meten sin preguntar a bajar por encima de mi cabeza. Me agarro fuerte y me quedo lo más quieto que puedo pegado a la pared, mientras me pasan con los crampones cerca de la cara. Me parece bastante mal esta actitud y muy peligrosa para todos los montañeros. No digo nada, ya que el simple hecho de hablar te quita fuerzas y ya estoy suficientemente cansado. De repente, se me acalambran algunos dedos de las manos. Me quedo FLIPANDO! No me había pasado esto nunca. Me coloco como puedo los dedos, como piedras, en su sitio y agito las manos para descargarlas. Pienso que es fruto del cansanció y la tensión pero luego me doy cuenta que es por culpa de la deshidratación. He bebido muy poca agua durante la subida ya que apenas he parado a descansar.
Ellos también se van y me quedo solo en la cumbre. Tengo la sensación de estar de pie donde viven los dioses y siento un respeto enorme al no haber nadie más a mi alrededor. Quiero ir hasta la cruz que hay en el lado italiano con la que me hace ilusión hacerme una foto. La cresta cimera es espectacular, de lo más impresionante que he hecho en mi vida. Con delicadeza y paso firme, voy cruzando la fina arista de nieve donde en todo momento puedes ver el precipicio de 1000m que tienes a ambos lados.
Bajo por las maromas como un cohete. Parece que la cima me haya regalado energía extra. Adelanto a los americanos y veo a mis amigos unos 100m por debajo. Con la motivación de intentar alcanzarles, llevo un ritmo muy bueno. Destrepo con seguridad y voy siguiendo la arista sin problemas. Llego a unos pasos un poco más complicados y me quedo parado analizando el terreno. Sin que me de cuenta, me sobrepasa un chico joven que va como un tiro y le pregunto si vamos bien. Sin casi mirarme, me contesta que hay marcas de crampones, que seguro que por allí ha pasado gente y sigue con su ritmo endiablado. A las 13:30h llego a la placa Moseley superior, justo encima de la cabaña Solvay. Monto un rápel y mientrás desciendo me encuentro a mis compis que me sacan un FOTON.
Ellos siguen porque quieren intentar coger el último teleférico a Zermatt. Yo, sabiendo que no voy a llegar, me siento en el banquito de madera que hay en la minúscula terracita de la cabaña a descansar. Ahora si, noto el cansancio y la deshidratación, como si de una patada en el estómago se tratara. Al cabo de un rato, me levanto y monto el segundo rápel para superar la placa Moseley inferior. A partir de este punto, me quedo solo para todo el resto de descenso y bajo mucho el ritmo por el cansancio acumulado. El estar todo el rato concentrado en cada paso y cada mano que pones, es agotador. Sin prisa pero sin pausa, voy bajando sin ver a nadie.
El terreno cuando bajas no tiene nada que ver con cuando subes. Lo ves todo al revés, es difícil saber si ya has pasado por allí antes y más si era de noche. Me encuentro en una encrucijada en la que parece haber varios caminos, pero ninguno claro. Escojo y empiezo a bajar. Al cabo de un rato de destrepes, comienza a aparecer liquen en las piedras, algo raro cuando pasan muchas personas por un mismo sitio. Me paro a pensarlo. Definitivamente me he PERDIDO! Me coge un poco de ansiedad y un miedo de muerte. Miro a mi alrededor y estoy en plena cara Este de la montaña. Las reseñas dicen que, en ningún momento, debes separarte demasiado de la arista Hornli y estoy realmente, muy abajo. La cosa se empina y es que estoy yendo hacia un precipicio. Me intento calmar para tratar de pensar con claridad. Busco una especie de pequeña cresta para ver si puedo obtener una visión mejor de donde me encuentro. Me asomo y veo a gente subiendo lejos de mi, donde la ruta correcta. Lo único que tengo que hacer, es volver a subir hasta la arista y reencontrar el camino. Llego de nuevo al punto de antes, sigo sin verlo claro. Pienso en montar un rapel para bajar, pero si me equivoco, puede que me quede atrapado. Descarto esta opción y de repente... APARECE un escalador! Está explorando la vía como yo ayer. Le doy las gracias por mostrarme el camino porque la situación era desesperante. Rapidamente ya se por donde ir y por fin me relajo. En este último tramo me encuentro con una pareja catalana que descienden exageradamente lento. Me detengo a hablar con ellos para preguntarles su experiencia. Me quedo FLIPANDO con lo que me cuentan! Llevan en la montaña desde el día 22 y estamos a día 24, 3 días enteros. Cuando estaban en la cumbre, una nube muy grande se quedo pegada a la cima de la montaña dejándolos sin visibilidad para la bajada. Se les empezaba a hacer de noche y llamaron al helicóptero, que no pudo hacer nada por las condiciones. Intentaron hacer vivac, pero por el frío que tenían, les fue imposible dormir y tuvieron que caminar toda la noche para no congelarse. Al día siguiente, bajaron hasta la cabaña Solvay, donde hicieron otra noche y hoy día 24 es cuando me los he encontrado. Lo han pasado muy mal. Les ofrezco agua y comida, pero me dicen que no y sigo mi camino. Ya no me queda NADA! Veo el final y siento una alivio enorme. Destrepo la última maroma e informo de que ya he acabado y que estoy a salvo.
Son las 18h de la tarde, lo he dado todo y no tengo ni un mínimo de fuerzas para bajar caminando hasta Zermatt. Además, tengo el pase del teleférico que me valdrá para bajar mañana. Voy al refugio a pedir una cama aunque me duela en el alma los 165 francos que no estaban previstos. Pago 5 euros para una ducha de 3 escasos minutos, totalmente merecida, que sabe a gloria y me seco con algo de ropa sucia porque no tengo nada jajaja. Llega la hora de cenar y me encuentro con los americanos con los que me siento a compartir el descenso. Ellos han acabado una hora más tarde que yo y han hecho bastantes rápeles. También hablo con algun guía charlatán y clientes que atacarán la cima mañana. Por lo que he visto estos días, no me gusta la forma en la que se escala el Matterhorn con guía. Lo único que tienes que hacer es escalar a toda OSTIA y sin tener que tomar ninguna decisión, ya que el guía se sabe el camino de memoria. Me parece que no se disfruta del todo de la actividad, aunque si que es verdad que te da muchas garantías de hacer cumbre. Desde mi punto de vista, no tiene demasiado mérito, pero siendo una montaña tan mortal y técnica, es totalmente entendible. Me voy a dormir habiendo hecho esta reflexión totalmente exhausto.
Vuelta a Zermatt
Me despierto a las 6h del día 25 de Agosto de 2022 con un precioso amanecer. Salgo a la terraza a capturar el momento antes de que salga el sol por detrás del Monte Rosa. Me duele todo. Parezco un robot intentando caminar, pero soy muy feliz. No me arrepiento de haberme quedado en el refugio.
Voy al comedor a desayunar y los americanos me invitan a sentarme con ellos. Se han puesto en la mejor mesa del refugio, junto a un ventanal en el que se ve espectacularmente el Matterhorn. Compartimos experiencias de montañeros y mientras desayunamos, el sol va entrando por la pared que escalamos, tal y como sucedio ayer. Antes de que sea demasiado tarde, me despido de ellos y vuelvo a salir fuera para tomar una foto que me parece preciosa, con la mitad del Matterhorn iluminada de color naranja brillante.
Es hora de volver. Me hago la mochila y empiezo el mismo trekking de bajada a las 8h. Cada pocos cientos de metros, me giro a observar unos segundos el Matterhorn, asmilando que he cumplido un sueño. Me cruzo con otro alpinista español y le explico las condiciones de la vía, cosa que me agradece.
Finalmente, cojo el teleférico que en pocos minutos me transporta al pueblo. Cuando llego a Zermatt aún es muy temprando, son las 9:30h, y me permito el lujo de entrar a algunas tiendas de montaña a chafardear. Me pierdo por alguna callejuela y echo un último vistazo atrás al Matterhorn antes de dirigirme a la estación de buses.
Pero la aventura aún no ha terminado. En la estación de buses me dicen que el bus lanzadera que me tiene que llevar de vuelta al camping, solo es de ida por la mañana y que el de vuelta no sale hasta la tarde. Lo único que hay son furgonetas que bajan a los clientes de los hoteles de Zermatt hasta Täsch. Intento negociar con ellos para que me bajen pero casi no hablan inglés. Parece que me estén dando largas ya que salen unas cuantas furgos sin que me dejen subir. Después de esperar alrededor de una hora y sin casi batería en el móbil, les digo que si no me van a bajar, me voy en tren. No es la mejor opción porque luego tendré que caminar un buen rato hasta el camping. Me dicen que me espere y finalmente le preguntan a un cliente de un hotel si le importa que vaya en su furgo. Acepta y porfin me llevan. Le pago unos 5 francos que es lo máximo que puedo porque aún me falta pagar el camping, y me dejan allí. Ahora sí, es momento de volver a casa con una HISTORIA mágica que contar y una EXPERIENCIA inolvidable.


































Comentaris
Publica un comentari a l'entrada